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Desde
su hogar en Estados Unidos, este hombre dedicado a su vida, que
es la poesía, a través de la cual intenta
llegar a la verdad, rompe una vez más el silencio para
dar nuevas luces sobre su quehacer. Abrigado, con una bufanda
de alpaca chilena al cuello, y olvidándose del resfrío
que empieza a atacarlo en el invierno norteamericano, cuenta
que mientras vivieron sus padres tuvo tantas responsabilidades
económicas, que reducían el tiempo para su labor
creativa, que ahora –gracias a la Fundación Corda– puede
entregarse por completo a su vocación. “Mi rutina
de trabajo –dice– es mi vigilia: desde mi cama hasta
la mesa del comedor hasta mi escritorio.”
Vigilia, claro, porque durante muchos
años ha dormido
sólo entre dos y tres horas al día. Aún
así, la proporción del aspecto onírico en
su vida es enorme. “¿Cómo no va a afectarnos
el sueño?”, señala.
Asegura,
por otra parte, que escribe con lápiz y pasa
en limpio con lapicera; “enseguida recurro a la máquina.
El lápiz, la tinta y la máquina me obligan a tener
mayor objetividad – visualidad – sobre
lo escrito.” Si bien nunca
ha escrito en computador. Sí, ha dictado a grabadoras.
“Usted me pregunta cómo me distraigo, cómo
me relajo mientras creo”, comenta y responde: “Crear
es un protagonista que no admite antagonistas ni deuteragonistas.
En cuanto a relajarme, depende de lo que se entienda por relajación. ¿Qué mayor
relajación que estar con lo que se quiere estar?”
En todo caso, una suculenta biblioteca le permite confirmar
o confrontar sus inquietudes:
"Las
enciclopedias no me son de fiar: guardan una porción
de disparate, de error, de normal incompletud. Un libro: peldaño
para otro libro. La real ayuda: mi propia certeza de la experiencia.
Mi biblioteca, en muchos aspectos, es mi museo particular: libros
que son como cuadros que analizo y disfruto, y libros que son
como cuadros que desprecio y que me permiten entender lo que
es fracaso, especialmente aquellos que tienen mucho prestigio
y contienen vacuidad hinchada."
Además, posee una abundante discoteca junto a numerosas
partituras. “Cuando escucho música –aclara – ,
no abandono, en lo posible, las partituras, para no depender
de los intérpretes.”
Poesía, música y dibujo son, en definitiva, los ámbitos
en que se desenvuelve David Rosenmann-Taub (Santiago, 1927),
multifacético creador, más conocido por su obra
poética, que en los últimos años ha publicado
LOM en Chile y con muy buena crítica: Cortejo
y Epinicio (2002), El Mensajero (2003), El
Cielo en la Fuente junto a La Mañana
Eterna (2004) y País Más
Allá (2004).
Su pasión literaria, como se sabe, comenzó antes
de aprender a escribir, cuando le dictaba a la madre sus ocurrencias. “Estoy
casado con las letras”, ha reconocido.
Pero también parece estar casado con la música,
otra pasión que le acompaña desde siempre, desde
que estaba en el vientre de su madre, eximia pianista que le
enseñó a tocar el instrumento cuando sólo
tenía dos años. A los nueve, ya recibía
su primer alumno. Tantas eran las proyecciones de este niño,
que su profesor, Pedro Humberto Allende, pensaba que se dedicaría
exclusivamente a la composición musical. “Estudio
composición musical para la poesía, y composición
poética para la música”, le explicó en
una ocasión el joven Rosenmann-Taub.
El
propio autor ha dicho que su clamor frente a la “nocivilización”,
al egoísmo en la conducta humana, no lo expresa con palabras,
sino que aparece en algunas de sus decenas de creaciones musicales
como Abecechedario, Morir
para Nacer, Despedida
del Deseo y Fuegos Naturales,
entre otras.
Aunque menos difundidos, también destacables son sus
más de mil dibujos, donde sobresale la serie La
Bofetada, El Alarde y La Decepción,
centrados en un tema particular,como asimismo
las ilustraciones de algunos de sus propios libros. Dibujos que,
en su mayoría, el artista realiza en blanco y negro con
medios mínimos: pluma y tinta, tiza, carbón de
leña. Sus retratos, presentan una galería de personajes
desprovistos de máscaras, que dejan al descubierto el
drama del hombre. Así, cuando se publique Los
Despojos del Sol en su totalidad –se han publicado
dos volúmenes: Ananda Primera y Ananda
Segunda – estará compuesto de libros de
poesía, uno de dibujos y grabaciones musicales.
En el mundo creativo del artista –que no sólo
toca el piano, sino también el bongó– se
encuentran sólidamente involucradas estas tres dimensiones
que se retroalimenten entre sí. “La literatura y
la pintura me ayudan a aclarar más mi pensamiento musical.
La literatura también me ha ayudado en el dibujo: Historia
de las Indias de Bartolomé de Las Casas y Las
Almas Muertas de Gogol me han despertado imágenes.
Ciertas obras musicales mías tienen que ver con Thackeray
y Tolstoi, en lo formal (no en lo conceptual): he querido, como
en Vanity Fair y Ana Karenina,
que una sola voz esté distribuida en distintas voces”,
nos dijo el poeta hace un tiempo.
Y
la música impregnada en
su literatura, logra que todo poema de Rosenmann-Taub tenga
su partitura. De esta manera, no es raro que su libro En
un Lugar de la Sangre,
relacionado con Cervantes y su Quijote, inédito hasta
el momento, haya nacido en una composición musical, grabada
en dos discos compactos –suite para piano y una sola voz– y
en palabras. Uno de los poemas de la obra, “El Testamento
de Sancho”, dice: “A la cuchilla de la inquisición,/
la mazmorra de mis desventuras./ El gobierno, perdido, a mi familia./
Mi familia, a mi féretro./ A ti, cuándo creado,
este poema./ Y a mí, que nunca me conoceré,/ el
noser de mi todo.”
¿Diría que sus textos nacen junto a
la partitura? ¿Cómo se produce este parto literario-musical?
"En
un individuo que se está gestando, los huesos, la
carne, todo es primero y último, todo es para todo. No
un parto literariomusical; con más precisión, no
un parto literariorrítmico. La expresión de una
idea tiene su ritmo –que no puede ser sino ése–:
sin la unidad expresiónritmo no hay poema. Cuando es arbitraria
esta unidad, la obra no es artística. Es artificial."
García
Lorca en su afán integracionista
de las artes señalaba: “Un poeta tiene que ser
profesor en los cinco sentidos corporales (...) en este orden:
vista, tacto, oído, olfato y gusto. Para poder ser dueño
de las más bellas imágenes tiene que abrir puertas
de comunicación en todos ellos...”. ¿De
qué forma dialogan la música el dibujo y la poesía
en su obra?
"A
mi manera de entender, García Lorca quería
manifestar que un poeta tiene que investigar en profundidad. ¿Hay
algo más poético que saber, y saberlo tan bien
que uno sea capaz de enseñarlo? Oscar Wilde, burlándose,
afirmó que “el arte es completamente inútil”:
un modo negativo, para decir lo opuesto: una zancadilla para
hacer reaccionar. El término “integracionista” que
usted emplea, puede ser malentendido: como si García Lorca
hubiera querido hacer un arte que incluyese la música,
la literatura y las artes plásticas. Por supuesto que
son parte de lo que se denomina artístico. Existe el prejuicio
de limitar el arte a unas cuantas actividades.
En
mi cabeza no hay separación entre la actividad musical,
la actividad poética y el dibujo. Casi podría decirle
que es como si escribiera en castellano, en dibujo, en música.
Jugando con los términos: dibujo con palabras o escribo
con dibujos: cada obra tiene su ley: uso el medio que se ajusta
más a su expresión. En cuanto al dibujo, hasta
el momento, el blanco y el negro me han sido suficientes."
¿Y
qué puede
decir de sus composiciones musicales?
"Cada
vez que les he mostrado a pianistas mis obras, han manifiestado
encontrarlas difíciles en extremo. Claudio Arrau, en Santiago,
ensayando en casa de Zita Müller, me escuchó algunas
obras, las encontró extremadamente difíciles y
me insistió en que las grabara yo. Los actuales medios
técnicos me han permitido tocar mis dúos, tríos,
cuartetos, quintetos y sextetos para piano, sin necesidad de
recurrir a otros pianistas. Pedro Humberto Allende, cuando le
llevaba a sus clases mis composiciones, me pedía que se
las tocara: 'Suerte la tuya la de ser pianista: así no
correrás el riesgo de ser traicionado en tus pensamientos.'”
Así como
expresa musicalmente temas como su repulsión hacia
el egoísmo, por ejemplo, ¿qué asuntos
toca con sus dibujos, entre los cuales encontramos muchos retratos?
"La
música y el dibujo exponen mi intemporal reacción
frente al presente inmediato –la tan denominada Historia
Universal–: a la justicia en manos de la injusticia, a
la hipocresía en el poder, a la amenaza y a la persecución
injustificadas, a la institucionalidad de la perversidad y el
egoísmo de los estériles, al monótono horror
inútil de la vida en el planeta. Se habla de civilización:
algo que no ha ocurrido. La historia cambia de traje, pero no
de cuerpo. ¿Hay solución? ¿Aislarse? ¿Inventarse
utopías? La filosofía del tigre, la sicología
de las ratas, el arte de la bestialidad. ¿Eso es la vida
humana? ¿Ceremonias vacías?"
En País
Más
Allá se
descubre la presencia del color: “Balumbas amarillas./
Oro de la arboleda. Hierro de oro./ Campo de maravillas a hurtadillas./
Rubio coro”, escribe en una de sus partes y en otra señala: “Hechizo/
de verdor, en el verdor, sin ansia/ de verdor, consternado
de que nada se pierde,/ verde y verde, en la estancia/ de la
llanura verde:”
"Usted
alude a los colores en País Más
Allá. Lo menos significativo es que el verde sea verde:
uno de los niveles, pero el más exterior. Si prescindimos
del tiempo, la fruta en un momento fue verde, pero
quedó en el árbol... La vida: una promesa, y
cuando se cumple, sería maravilloso que nunca se hubiera
cumplido. Vivir: un rostro y una máscara. La máscara
diría: “¿Y por qué no yo? También
tengo derecho.” Por desgracia, para existir con sentido,
hay que arrancar la máscara."
Entiendo
que hasta las matemáticas y la física
cuántica participan en su labor creativa.
"Prescindir
del conocimiento de la física
es imposible para un artista serio. Sin exagerar, ¿qué le
parece un sacerdote católico que no se informara de los
Evangelios? ¿Puede usted imaginar un escultor que no sepa
anatomía? En cierto modo, la física investiga la
anatomía y la fisiología del multiverso. Georg
Nicolai me dijo: 'Usted, David, tiene el vicio del arte;
yo, el de la ciencia. Tenemos el mismo vicio.'”
Antes
de que LOM iniciara la publicación de
sus obras, existió de su parte un silencio sepulcral. “¿Qué se
fizo este David?”, decían algunos, mientras otros
lo consideraban un poeta póstumo. ¿Por qué resucitó David
Rosenmann-Taub?
"No
he tenido tiempo para publicar. He estado dedicado a escribir.
Los libros que publiqué con Arturo Soria y en Buenos Aires,
devoraron demasiado tiempo. Ahora, afortunadamente, la Fundación
Corda se hace cargo de la publicación de mi obra. Quiero
ser responsable: mi interés está en la poesía.
Mi vocación no tiene nada que ver con ser o no ser leído.
En esto me siento identificado con mi madre. Cuando yo tenía
once años, le dije a mi padre: 'Sólo nosotros
la escuchamos tocar el piano. El mundo no se entera.' No
he escuchado a nadie interpretar mejor que ella los románticos,
las Suites Inglesas y Francesas de Bach, la Iberia de
Albéniz y el Scarbo de Ravel. Lamentable no conservar
grabaciones. No era fácil hacerlas en ese tiempo. Mi madre
me dijo: 'Lo importante es que toco.' Un artista
está en su obra; el resto: extra. La promoción
no le pertenece al artista. ¡El tiempo, el tiempo!"
Así y
todo ¿cómo evaluaría
hoy el reconocimiento de su trabajo en Chile y el hecho de
dejar de ser un poeta oculto, al menos en cuanto a publicaciones?
"Arturo
Soria, editor de Cruz del Sur, me dijo: 'Me apuro
a editarlo. Si no lo edito yo, ¿quién en Chile
lo va a editar?' El hecho de que una editorial como LOM
exista es un signo muy positivo."
Manuel
Rojas en Historia Breve de la
Literatura Chilena, en 1965, señalaba con respecto
a usted: “Desde hace cerca de diez años que
no se oye hablar de él. ¿Se le agotó la
vena? ¿Busca caminos?” Ahora que sus poemas
están reapareciendo en Chile, se están conociendo
esos rumbos, pero muchos se extrañan que no aparezca
en persona ni en actividades literarias ni siquiera en las
presentaciones de sus propios libros. De allí que
incluso pregunten: “¿Existe David Rosenmann-Taub?”
"No
se ha oído hablar de mí,
porque no se
me agotó la vena y porque encontré el camino. Le
repito: ¡el tiempo, el tiempo! Por eso, no viajo. No he
adoptado ninguna misteriosa postura. Y, cuando usted afirma:
'De allí que incluso pregunten: ¿Existe David Rosenmann-Taub?',
yo le diría: Talvez es mejor que piensen así, Beatriz."
¿Por
qué corrige tanto? En la reedición
de Cortejo y Epinicio hay tantas diferencias con el
texto original, que podría considerarse un nuevo volumen,
incluso hay variación en la cantidad de poemas que aparece
en la versión reciente.
"No
corrijo: trato, con insistencia, de ser cada vez más
fiel al objeto poético."
Eso
significa a la larga que sus libros los ha estado preparando
durante toda su vida, como sucede con País
Más Allá y la mayoría de sus textos.
"Si
una mujer quiere tener un niño, está obligada
a esperar siete a nueve meses. Si ella fuera responsable de la
salud, de la presencia, del talento, de las cualidades de su
hijo, ¿cuánto demoraría en entregar el niño
al mundo? Ella querrá que su hijo esté libre de
enfermedades, que viva la eternidad, que sea fuerte y armonioso,
que sepa defenderse, que sea inteligente e inteligente e inteligente,
que sea buen hijo, buen amigo, buen amante, buen padre. ¿Y,
ya fabricado, 'empezaría a corregirlo', diría
usted? Para hacer ese hijo, un millón de años sería
poco. Dios tardó seis días en la Creación
y ya ve usted lo que ocurre... Lo primero es no improvisar. La
naturaleza se vuelve, con facilidad, enemiga, a pesar de nuestra
atención."
Algunos
de sus versos llevan a pensar que se siente más atado
al pasado, junto al enorme cariño de
sus padres, que al presente. "Voy recordando recuerdos./
Más doblado: a la caída.” Escribe en “A
la vetusta copla” de Cortejo y Epinicio y en
el poema “XIII” de País Más Allá dice “¿tú,/
mamá, permitirás que salga/ a conquistar veredas?”
"Para
mí no hay pasado, para mí hay presente.
Hablar de recuerdos es una manera de hablar. Mi hogar está conmigo.
No es un recuerdo. Nunca lo ha sido."
Incluso
ha dicho que reescribió en
Buenos Aires Cortejo
y Epinicio, después de la muerte de sus padres,
por el deseo de estar con ellos. A través de la reflexión
poética emprende una aventura que le permite encontrarse
con sus seres queridos, con Dios, la muerte, el amor, el
más allá... ¿Qué le significa
a usted llevar a cabo estas hazañas?
"La
muerte de mis padres es algo que les sucedió, no
algo que ellos hicieron. No les pertenece. Lo que usted describe
como la 'aventura que le permite encontrarse con sus seres
queridos, con Dios, la muerte, el amor, el más allá...'
es, para mí, respirar. No son cosas que encuentro. Me
encuentran. Y no me sueltan. Y no quiero que me suelten. ¿Hazañas?
Una hazaña sería pretender lo contrario."
Continuando
con su familia, los poemas de El Mensajero los
dedica a su padre, a quien le había prometido crear
el más hermoso libro. “Cumplir la promesa –le
dice en la dedicatoria- me ha exigido cumplir tu edad”. ¿Cree
que logró escribir el más hermoso libro?
"La
hermosura de una obra radica en su dosis de verdad intemporal."
¿No
siente frustración ante la tarea
titánica de buscar la perfección en sus escritos,
una meta inalcanzable?
"Desde
un punto de vista práctico, es razonable la pregunta
suya con respecto a la meta inalcanzable. Es una de mis motivaciones:
hacer alcanzable lo inalcanzable. Nunca le he puesto punto final
a un texto mío."
Sin
embargo, lo muy acabado conlleva un riesgo de muerte: llegar
a la nada, al silencio...
"No
estoy de acuerdo. Es un pensamiento para justificar incapacidad
y flojera. Si realmente la obra es más acabada – más
perfecta –, en el sentido de ser más lo que tiene
que ser, el único riesgo es que posea más vitalidad
que los lectores o espectadores. Está más cerca
de todo, no de nada. ¿Haría usted la misma pregunta
respecto a la investigación científica? Mientras
más acabada la investigación acerca de una enfermedad
y de las medicaciones para la cura de esa enfermedad, ¿la
investigación llega a nada? Un trabajo de limpieza, mientras
más perfecto, ¿nada? La perfección no es
fría, la perfección es calurosa. Nunca la inspiración
es tan indispensable como en la fiebre del perfeccionamiento."
Esto,
en todo caso, habla de la rigurosidad de su quehacer y el dominio
de la técnica: Naín Nómez
califica sus versos como los más pulidos de la lengua,
y el poeta Floridor Pérez los cataloga como un trabajo
de joyería, por eso los enseña a sus alumnos. ¿Cómo
trabaja sus poemas y desarrolla esa labor de pulimento, de
lustrar las palabras y darle una vuelta de tuerca al lenguaje?
"Empiezo
a escribir cuando el poema ha madurado. Esa madurez es la que
me motiva a escribirlo. No se trata de pulir, ni de lustrar,
ni, mucho menos, de darle vueltas de tuerca al lenguaje; sino
de expresar con exactitud un determinado conocimiento. Yo llamaría
inspiración a eso. No pretendo la belleza,
pretendo decir la verdad en la forma más exacta posible.
La belleza, si la hay, es una consecuencia."
Otros,
en cambio, consideran que es tan elaborada su poesía
que le falta espontaneidad, al ser muy intelectual, “confuso
a veces”, decía Manuel Rojas y el propio Armando
Uribe, admirador de su creación, ha comentado que escribe
con palabras difíciles.
"A
mi juicio, una obra es espontánea cuando es natural.
Una manzana no lo es de inmediato: llega a ser manzana. La espontaneidad
espontánea no es mía. Soy un ser pensante, no un
títere de la casualidad. El movimiento surrealista, en
sus comienzos, predicaba la improvisación: qué cosa
tan artificial. Si uno quiere dar un consejo, ¿improvisa?
La improvisación intencional carece de ética. El
autor no se respeta a sí mismo y hace perder tiempo al
lector. Acertar improvisando no me pertenece. Empezaría
por no firmar el texto. Es transformar el arte en una ruleta:
no gano, ni pierdo, por mi voluntad.
Curiosamente,
los autores que en su época fueron considerados
oscuros y hasta herméticos, son los que sobreviven. Tiene
usted, por ejemplo, el caso de Góngora, de Juana Inés
de la Cruz, de Mallarmé. ¿Dígame, qué se
lee más hoy: Somerset Maugham o James Joyce; May Sinclair
o Virginia Woolf? Es muy relativo lo que se considera difícil.
Yo le vuelvo a insistir: no escribo para hoy, ni para mañana,
ni para ayer. El teorema de Pitágoras no es para ayer,
para hoy, para mañana. Una cosa es o no es. Y no puede
depender del público. Es el lector el que tiene que acercarse
al autor. Si el autor se quiere acercar al lector, está haciendo
prostitución, no literatura."
Y
al parecer usted mismo estima que su poesía
es difícil, porque publicará una selección
de poemas con comentarios, donde entrega diversas claves para
entenderla. ¿Cree que es necesario entender, acabadamente,
la poesía? ¿No piensa también que sus
connotaciones, ya que la palabra poética es polisémica,
las puede ir descubriendo el lector como quien contempla una
obra de arte? San Juan de la Cruz hablaba de entender sin entender.
Y Miguel Arteche, en nuestro país, dice que la poesía
se “sintentiende” (se entiende sin entenderla).
"Me
pregunta si es necesario entender acabadamente la poesía.
Pero si a usted le es necesario entender que una persona le dice:
'Buenos días' o 'Buenas tardes', aun
más
necesario le es entender, si una de sus amigas le dice: 'Mañana
voy a llegar un poco más tarde: no te preocupes, porque
tengo varias diligencias'. ¿No cree que es fundamental
que usted entienda lo que le dice su amiga? ¿Qué no
es polisémico? ¿Qué no tiene diversas connotaciones?
Esto de entender sin entender es bastante polisémico.
Y Juan de la Cruz escribió comentarios de sus poemas y
quería ser entendido. Aprovecho para decirle que los comentarios
de él, a mi juicio, son tan valiosos como los poemas. Él
tuvo una vida difícil; casi no tuvo tiempo para revisar.
Es un hombre que trataba, honestamente, de ser preciso.
Recuerdo
una alumna mía que gustaba mucho de la música
de Beethoven: 'No sé por qué me gusta Beethoven;
no entiendo nada.' ' ¿Qué es lo que
más te gusta de Beethoven?' 'La Appassionata.'
Le expliqué el comienzo del primer movimiento. Ella era
una mujer inteligente y curiosa: 'No siga, voy a reflexionar
acerca de lo que me ha explicado; ahora me resulta obvio y no
veo por qué no entendí lo que tendría que
haber entendido sola.' Cuando nos volvimos a encontrar: 'No
tenía idea de cuánto me gustaba la Appassionata:
entendía sin entender, pero no soy mi perrita: me diferencio
de ella en que puedo saber por qué entiendo.' De
todos modos, tuve que ayudarla bastante para que entendiera entendiendo.
Muy cómodo 'entender sin entender', pero entender
sin entender es equivalente a no entender. Y no basta con entender:
hay que entender lo más posible, cuando es posible. Nunca
las explicaciones sobran: hay lo resbaladizo del malentender.
Ayudar a entender es otra forma de hacer arte."
Uno
de los poemas del próximo libro que está por
aparecer es el siguiente:
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