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Nacido en Santiago de Chile el 3 de
mayo de 1927, Rosenmann-Taub es un enigma hasta para lospropios
chilenos. Algunos hasta sostienen que es un escritor inventado,
pero existe y tiene voz y rostro. Vive en Estados Unidos, "apartado de todo, lejos del mundo".
Su figura, festejada sólo por pocos
poetas y críticos como Armando Uribe Arce, Miguel
Arteche y Hernán Díaz Arrieta (Alone), es desconocida
hasta para los antólogos del país andino. Sin embargo,
es posible rastrear sus huellas, no sólo en su tierra natal
sino también en Argentina y en Estados Unidos. Descendiente
de polacos, Rosenmann-Taub se reveló como una de las promesas
literarias cuando mereció el Premio Municipal de Santiago
(1951) con apenas 24 años. A comienzos de 1970 -cuando
"Chile dejó ser Chile"- vivió en varias
ciudades de los Estados Unidos, hasta recalar en el estado de
California del Norte, donde se dedica exclusivamente a la escritura,
la música y el dibujo.
Firme candidato a obtener el próximo Premio Nacional de
su país, la figura de Rosenmann-Taub está siendo
reinsertada lentamente en el círculo literario por un grupo
de adeptos y estudiosos de su poesía -reunidos en la Fundación
Corda-, quienes además de mantener en vigencia la página
electrónica www.davidrosenmann-taub.com, distribuir compactos
con la voz del poeta, anunciaron que a mitad de este año,
Ediciones LOM publicará dos libros del poeta: el mítico
Cortejo y Epinicios y el inédito Auge. En esta entrevista,
realizada por e-mail en diciembre de 2001 -una de las pocas que
concedió en su vida- recuerda sus inicios como escritor
y su paso por Buenos Aires, donde publicó cuatro de sus
principales obras.
Obra: El Adolescente, revista literaria Caballo de Fuego, 1941;
Cortejo y Epinicio, Cruz del Sur, 1949 (premiado por el Sindicato
de Escritores de Chile); Los Surcos Inundados, Cruz
del Sur, 1951 (Premio Municipal de Poesía); El
Regazo Luminoso (libro
inédito que recibió en 1951 el Premio Nacional de
Poesía de la Universidad de Concepción); La
Enredadera del Júbilo, revista Atenea y Cruz del Sur, 1952; Cuaderno
de Poesía, Taller Edición 99, 1962; Los
Despojos del Sol: Ananda Primera, Esteoeste, Buenos Aires, 1976; El
Cielo en la Fuente, Este Oeste, Buenos Aires, 1977; Los
Despojos del Sol: Ananda Segunda, Esteoeste, Buenos Aires, 1978;
Al Rey su Trono, Esteoeste (escrito con Nahúm Kamenetzky
y con ilustraciones por Rosenmann-Taub), 1983.
Los
poetas chilenos hablan de usted como un escritor de culto . ¿Le
agrada esa imagen?
"Creo
que el arte demanda tanto del artista que no hay tiempo para
pensar en lectores. Y pensar en lectores es venderse. O sea,
traicionarse. Quiero ser, siempre, yo el lector que apruebe,
como algo necesario, lo que escribo. Yo repetiría la
frase de Paul Valéry: "Prefiero, en lugar de muchos
lectores, un lector que me lea muchas veces". Si se trata
de un grupo de persistentes lectores de un escritor, ¿por
eso llamar a éste "escritor de culto"? Una
cosa es el arte que permanece a pesar de todo y otra cosa es
el arte que figura. En general, el público no tiene conocimiento
del arte que sucede en su época; sólo recibe lo
que, con "inteligente"
promoción, se vende. Los valores, se supone, de una época
son los valores vendibles de esa época. Otra cosa, "los
valores". Curiosamente, lo que más se lee después
es lo que menos se lee. Aquello que halagaba y entretenía
al público, luego lo acompaña en el cementerio.
Entierran al público y entierran sus gustos. Y los
autores que no encontraban editor, más tarde, post
mortem, constituyen los éxitos de librería.
No creo que en Inglaterra ningún editor contemporáneo
de James Joyce pensara que éste era un novelista
para publicar millones de ejemplares."
¿Acepta que los críticos chilenos lo sitúen
como poeta surrealista?
"¿Yo,
surrealista? Los surrealistas, que crearon el movimiento, Breton
y Éluard, tienen cierto valor intelectual.
Como poetas, debo confesarle que los encuentro muy pobres. Éluard
me parece insignificante. Reverdy, que perteneció a ese
movimiento, es más pintoresco, pero, en el fondo, tan
pobre como los otros. Sé que hubo un grupo de surrealistas
en Santiago..."
Jorge
Cáceres, por ejemplo.
"Puede
ser, pero lamento decirle que nunca lo leí.
Probablemente algo de ese grupo cayó en mis manos, y algo
me quitó el interés por leerlos. Un poeta que
está
relacionado con el surrealismo -aunque, en realidad, creó
un movimiento diferente- es Vicente Huidobro. Es una situación
similar a la de Alfonsina Storni. Ella se suicidó. No
así
Huidobro. Pero hay muchas maneras de matarse. He conocido y conozco
muchos suicidados que caminan saludablemente. Sin embargo, Vicente
Huidobro es más poeta que todos los surrealistas franceses.
Lo nuevo, especialmente lo que quiere figurar como nuevo, envejece
muy rápido. Los surrealistas promocionaban la escritura
automática. En cualquier actividad, actuar automáticamente
es peligroso. Con lo automático no se va muy lejos.
El término surrealismo o sobrerrealismo indica, en
verdad, trascender la realidad aparente. La 'real' literatura
ha sido siempre surrealista. ¿Ejemplos? Quevedo,
Cervantes, Teresa de Ávila, Martín du Gard,
Miró, Thackeray,
el Eclesiastés, Murasaki, Bunin, Proust, Sarmiento. Para
ser justo: el surrealismo quería darle peso a la locura,
al acto de dejarse llevar por la locura. En ese sentido es correcto,
porque el mundo quiere estar loco y practica la locura desatada."
¿A qué se debió su aislamiento y su
rechazo al círculo poético chileno?
"Por
muchos años mi familia necesitó mi ayuda.
Tuve que trabajar muy duro. No contaba con tiempo para círculos
literarios. El poco tiempo preservado lo consumía en
mi poesía y en mi música. En los setenta, cuando
Chile dejó de ser Chile, me trasladé a Estados
Unidos. Conocí a algunos escritores chilenos -gente
buena- que me previnieron respecto a los medios artísticos,
pues no hay incompatibilidad entre ser "escritor" y
ser gángster.
Recuerdo, por ejemplo, a Pedro Prado, a Eduardo Barrios, a Joaquín
Ortega Folch, a Luis Durand: bellas personas. Recuerdo a Antonio
de Undurraga, generoso, emprendedor, casi heroico. Recuerdo
a Augusto Iglesias. Supe que él era uno de los miembros
del jurado que me otorgó el Premio Municipal, y fui a
agradecerle. Me dijo: "Usted no sabe con cuánta
gente me he peleado, pero a mí su libro me gustó y
los buenos libros son raros. Yo lo imaginé a usted un
hombre de mucha edad. El hecho de que usted es un hombre joven
justifica más
el premio. Estoy contento de haberlo peleado". Y cuando
asistí
a la entrega del premio, recibí mucha agresión.
Un escritor, buen hombre también y talentoso, Manuel
Rojas, sintió el clima de negatividad y me dijo: "Está
conmigo, no se preocupe". Él era alto y recio. Pero
también había hombres tan optimistas como generosos:
Armando Uribe, de una gran curiosidad y exquisita sensibilidad;
Jorge Hübner, Miguel Arteche, Carlos René Correa,
Luis Merino Reyes, todos modestos, abiertos a la tradición
y a lo nuevo. Pero yo contaba con muy poco tiempo para participar
en círculos literarios. Eso ha sido así hasta
ahora. Mi trabajo creativo no me lo permite. Un artista de
verdad es un cirujano que no abandona la sala de operaciones
de urgencia."
¿Podría definir su trabajo poético?
"Hay
una idea acerca de poesía como texto literario.
Eso es un punto muy limitado de lo que es poesía. La poesía
está en todas las cosas. Mi poesía es lo que extraigo
de la poesía de la vida. ¿Y qué es la
poesía
de la vida? La razón, si la hay, de la sinrazón
de existir. He ahí un nivel. Otros niveles los podrá encontrar
usted en el libro que voy a publicar, en el que comento algunos
de mis poemas."
En
cierta oportunidad usted mencionó a una mujer
que hacía tareas de limpieza que le había robado
una importante cantidad de poemas. ¿Pudo su memoria recuperar
algunos de esos textos?
"Sí,
fue un robo. Pero pude recobrar algo de lo robado: el sueño
ha sido un gran amigo. En los sueños logré
rescatar algunos poemas. Pero representan una proporción
muy pequeña de lo perdido. De este modo, recobré
íntegramente "De ceniza", un poema que lamentaba
mucho haber perdido. En ese poema quise expresar que temer por
la vida del ser que amamos es sólo menos terrible que
perderlo. No existen, para mí, otros templos que los
que edificamos por medio del amor correspondido. Y, por supuesto,
son templos de plenitud. La carencia de este amor -amar a alguien
que me ama- es lo que, a mi juicio, lleva a la edificación
de templos que sólo contienen vacío. Y en mis
padres habité
ese divino templo. Acababa de estallar la guerra en Europa; habíamos
recibido noticias horribles de la escasísima familia
que nos quedaba allí. Mi padre cayó enfermo de
desesperación.
Vi la impotencia de mi madre. El termómetro marcaba una
temperatura muy elevada. Sufrí el terror de la posibilidad
de muerte de mi padre. Yo tenía doce años y cuatro
meses, pero la conciencia no tiene edad, y mis externos ojos
internos contemplaron otra guerra: la de mi padre, luchando
con el todopoderoso enemigo. Yo quería un poema que
fuera digno de mi padre. Mi padre se recuperó. Lo tuve
bastantes años conmigo;
lo sigo adorando. Mi invisible templo, antes, era visible; ahora
es sólo invisible. Los templos invisibles no necesitan
dioses, porque son dioses."
¿En
qué está trabajando
actualmente?
"En
lo que trabajo todo el tiempo: la poesía. En
la actualidad, me dedico a la última revisión de
los volúmenes de Cortejo y Epinicio, de los cuales sólo
salió el primer volumen y son cuatro. Los Despojos del
Sol son numerosos volúmenes, y estoy trabajando en
todos ellos. Dos libros están terminados: En un Lugar
de la Sangre y Auge. Espero publicar pronto La Mañana
Eterna, que es el segundo capítulo de lo que El Cielo
en la Fuente es el primero, y espero este año terminar
los comentarios de El Cielo en la Fuente. Luego, me dedicaré a
la revisión
de País Más Allá y de otra obra de mucha
extensión. También está casi lista una
selección
de poemas míos con mis comentarios. Con estos comentarios
quiero ayudar a la comprensión de la esencia de mi obra:
las causas y los efectos de existir: el secreto de por qué
soy para estar aquí: ¡por qué estoy aquí
para ser! Ayudar a la comprensión de algunos poemas ayudará,
espero, a la comprensión de todos mis poemas, que constituyen
un Libro. Leer un verdadero autor exige leerlo en su integridad,
como un solo libro."
¿Por qué sumarles comentarios a los poemas?
Usted habla de "ayudar a la comprensión", ¿cree
que su mundo poético es de difícil acceso?
"Usted
puede leer en un par de días, con tranquilidad,
la Divina Comedia de Dante; pero si usted pretende leerla de
veras, tendrá que recurrir a información, y no
hay vida suficiente para leer la bibliografía seria acerca
de Dante y, aun así, permanecen muchos puntos oscuros.
Qué
lástima que Dante no hizo comentarios. Si usted piensa
en Adolfo o La Montaña Mágica o los poemas de
Baudelaire,
¿qué es lo que vale realmente en estas obras? El
valor de una obra se halla en lo que nos entrega de conocimiento
intemporal: la mayor precisión de la individual experiencia.
Si no nos da eso, nos ofrece muy poco o nada. No se trata de
que mi obra sea de difícil acceso, sino de dar más
acceso. Los comentarios, cuando son serios, ayudan a ingresar
en el conocimiento de la esencia de la obra. Los libros que
merecen ser leídos
exigen aclaraciones."
En esta tarea de comentar su obra hay también un
trabajo de reescritura; ¿es la poesía también
un constante trabajo de corrección?
"A
mí, siempre, el escribir me ha consumido mucho
tiempo: no es tarea fácil y creo que cuando es fácil
no vale la pena. En cualquier actividad de la vida es maravilloso
tener la oportunidad de poder perfeccionar. En la vida habitual,
a menudo, desgraciadamente, no podemos regresar a una misma
situación,
y un fracaso podría no haberlo sido. Raras veces las circunstancias
en la vida permiten perfeccionar. El arte tiene esta posibilidad."
Sé que usted estudió durante mucho tiempo
música como un complemento de la poesía.
No, no estudié música para suplir la poesía.
Estudié música por la poesía y por la música.
Yo tuve maravillosos maestros: mi madre, que me enseñó
desde los dos años de edad, y más tarde, piano,
Olga Cifuentes y Roberto Duncker. En armonía, contrapunto
y composición, recibí clases de Pedro Humberto Allende,
a mi juicio el más grande de los compositores de Sudamérica.
He grabado ya, privadamente, más de cien discos de mi propia
obra pianística. Quiero que quede claro que no se trató
de alimentar a la poesía. La poesía no es sólo
un fenómeno escrito, es un fenómeno oral. La poesía
y la música son artes en donde el tiempo se transforma
en espacio, como la pintura y la escultura son artes en donde
el espacio se transforma en tiempo. No se debe confundir el texto
escrito o la partitura con el suceder de la obra. La mayor parte
de la música que conozco, la escucho con la partitura para
no depender del intérprete. Un poema es una partitura.
Un soneto y una sonata suceden sonoramente. ¿Cómo
entender una obra musical sin oírla? ¿Cómo
entender un poema sin oírlo? No hay que olvidar que la
mayor parte de la música y la mayor parte de la poesía
no son ni poesía ni música. También estudié
anatomía, botánica, asistí a cursos libres
de astronomía; me interesaron profundamente las matemáticas
y la física. Pero mi poesía es mi experiencia. Hacer
cualquier cosa correctamente, que produzca beneficio, que dé
más conocimiento, que sea ajena a la perversidad, hacer
bien algo bueno, eso, para mí, es arte.
Cuando
se fue de Chile en los años 70, usted, si
no estoy mal informado, decidió partir a Estados Unidos
a estudiar ciencias orientales.
"Yo
recibí una beca de la Oriental Studies Foundation,
pero esa fundación no me otorgó la beca por estudios
orientales. Era una beca sin ninguna exigencia de ese orden.
Bajo el auspicio de esta fundación, en los años
setenta di conferencias, en Nueva York y California, sobre mi
poesía
y sobre Juan de la Cruz, Juana Inés de la Cruz, Monet,
Vermeer, Beethoven, Ravel, Albéniz."
En
Estados Unidos ¿tuvo contacto con otros escritores
chilenos, como por ejemplo Díaz-Casanueva, que vivió
en ese país algunos años?
"No,
no he contactado escritores chilenos aquí."
¿Cuáles son las diferencias entre el Chile
que dejó luego de la caída de Allende, y el país
que tomó como lugar de residencia?
"Para
mí Estados Unidos
es un refugio en el que puedo trabajar con muy pocas distracciones."
¿Cuál es su visión política
y social de su país?
"Mire,
el mundo es una casa. Si usted se encuentra en el dormitorio,
pero en el salón hay fuego, ¿me dirá
usted que se siente cómodo en el dormitorio? Nada se resuelve
con que todo esté bien en Latinoamérica y mal
en Europa, o en África bien y en Asia mal. Si el mundo
entero no está bien, el mundo está mal. Qué eso
de Latinoamérica y Europa: una familia es una familia,
no puedo decir que estoy bien, porque yo estoy bien; si estoy
bien y otros están mal, estoy mal yo. Mientras no esté
toda la familia en orden, diré que yo estoy en malas condiciones.
Éste es un planeta en donde hay seres humanos, no chilenos
ni argentinos ni chinos ni franceses. Hablar de blancos, negros,
amarillos, sajones, árabes, latinoamericanos, judíos,
es artificial. Lo natural es que tenemos cabeza, tronco y extremidades."
En
los años 1976, 1977 y 1978, usted visitó
Buenos Aires. ¿Cómo recuerda su estadía
en esta ciudad?
"Mi
memoria de los argentinos empezó con mi madre,
quien vivió parte de su primera infancia en Argentina.
Ella tenía hermosos recuerdos. Eso me embelleció
la idea de Argentina. Además, dos parientes muy queridos
estaban radicados allí: mi tía Isabel, en Buenos
Aires, y mi primo Gregorio Bermann, el célebre médico,
en Córdoba. Casi resido en Argentina. Pensé que
la persona que mejor me podía informar, si Buenos
Aires me convenía, era Victoria Ocampo, la personalidad
argentina que yo respetaba más. Fui a verla. Se entusiasmó
con El Cielo en la Fuente, que, más tarde, edité
en Buenos Aires en 1977. Ella me dijo: ' Éste no es
lugar para usted. Usted va a provocar mucha envidia. Y el arma
más poderosa de los envidiosos es el silencio: el ataque
del silencio. Cuando usted publique libros, llévelos
a La Nación y verá que no le van a
querer publicar nada, ni una nota crítica, ni siquiera
el recibo de sus libros. Escúcheme, porque se lo está diciendo
una verdadera argentina'. Así sucedió,
exactamente."
Sin
embargo publicó en Buenos Aires, además, Los Despojos del Sol, Ananda Primera, en el 76; Los
Despojos del Sol, Ananda Segunda, y hasta una nueva edición
de Cortejo y Epinicio, en el 78.
"Así es.
Supongo que debe haber muchos ejemplares en las bibliotecas.
Esos libros se publicaron y yo, luego de intentar abrir algunas
puertas, que las hallé cerradas, ya no me
ocupé más. En esos años estaba trabajando
en muchos proyectos. Me interesa la creación literaria,
no el resultado en el mundo exterior. Sentí que Victoria
Ocampo me estaba diciendo, con honestidad y delicadeza, lo
que ella consideraba correcto. Todos sabemos que los medios
literarios dependen mucho de "camarillas": centros
de poder en donde las vedettes no aceptan competencia: el
inhumano fenómeno
de querer todo sin compartirlo. Esta situación no es particular
de Buenos Aires. Se gesta en todos los medios, no sólo
en los literarios. Debo decirle que, en otros terrenos, sí
encontré en Buenos Aires mucha gente encantadora, de buena
voluntad."
Por último, ¿qué obras argentinas
rescataría?
"Martín
Fierro y La vuelta de Martín Fierro
tienen mucha fuerza. Facundo y Recuerdos de Provincia de Sarmiento
son dos de los mejores libros en español. Facundo no
es sólo el más brillante libro de los argentinos:
su densidad es comparable a la de Unamuno. Sarmiento, cuidadoso
o descuidado, siempre es vital. Dos autores argentinos que, a
pesar de sus debilidades, encuentro poderosos, son Eugenio Cambaceres
y Enrique Larreta. Hace mucho tiempo que no escucho mencionar
al extraordinario Benito Lynch."
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