¿Un genio, David Rosenmann-Taub?
Al menos así lo confirma la historia de aquel hijo de padres
polacos, nacido en Santiago, 1927, que aprende a leer al año
y medio y a los tres escribe sus primeros poemas. Mientras su padre
políglota y crítico lector lo introduce en los ámbitos
literarios, su madre pianista le enseña a tocar ese instrumento
cuando sólo tiene dos años. Ya a los nueve, recibe
a su primer alumno. "El piano y el escribir - dice ahora Rosenmann-Taub - son
parte de mi persona, lo mismo que mi cuerpo. Mis padres protegieron
lo que era natural en mí. No me establecieron una ruta:
'Tú tienes que hacer esto'. No. Justamente lo que a mí
me gustaba, eso era lo que ellos querían favorecer. Mi
padre podría haber considerado que yo estaba haciendo algo
secundario cuando, una mañana, muy temprano, me sorprendió
escribiendo versos; pero me dijo: 'Puedes no ir al colegio, si
quieres escribir'. Y nunca mis padres interfirieron en mis juegos.
Mi madre aseguraba: 'Jugar, en un niño, es trabajo'. Cuando
una persona tiene condiciones para algo y cuenta con la posibilidad
de desarrollarlas, ¿genio? Lo difícil en este mundo
es que podamos vivir para lo que somos. Como no puede un manzano
evitar producir manzanas, yo no he podido evitar perfeccionar
mi pensamiento".
Y empezó a escribir antes de
saber escribir:
"Le dictaba a mi madre mis ocurrencias; muy pronto pude
hacerlo solo. Siempre he escrito. Esto del amor por las letras,
yo lo explicaría como un matrimonio. Estoy casado con las
letras. Amo a mi mujer, estoy loco por ella. Es un buen matrimonio,
porque también mi mujer está loca por mí.
La influencia de mis padres ha sido muy fuerte. Desde el punto
de vista intelectual, en todo lo que he leído, he encontrado
una distancia astronómica entre mi madre pensando y los
novelistas y los filósofos".
Así, música y literatura
se unen al cuerpo y alma del poeta:
"Hasta mis catorce o quince años, podrían
haberse llamado "pasiones". ¿Después?
Mi mundo creativo es mi respiración. Pedro Humberto Allende,
mi profesor de composición musical, me dijo: 'Usted va
a dedicarse exclusivamente a la composición musical'. Le
respondí: 'Estudio composición musical para la poesía,
y composición poética para la música'. Con
cara de incredulidad, me preguntó: '¿Está
bromeando?' No era escoger una cosa contra otra. Mi poesía
y mi música son dos amigas que se ayudan mucho. Escribo
en música, escribo en español. Cuando he estudiado
otros idiomas, lo he hecho para ahondar más en mi lenguaje
musical y en mi lenguaje poético. No puedo negar que, entre
los diez y los doce años, me influyó bastante la
música de Schumann. Escuchar a mi madre tocar los "Estudios
Sinfónicos" y el "Carnaval" afectó
mi vida. Me hizo acostumbrarme a la idea de que lo que más
quiero va a desaparecer. Una de mis composiciones pianísticas
es "Morir para nacer". Una diaria experiencia: para
nacer el martes, usted tiene que morir el lunes. Todos llevamos
el cadáver de nuestro pasado. Ser mañana me exige
morir hoy".
De espíritu inquieto, mientras estudia castellano en el
Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile - se graduó
en 1948- asiste también a cursos de astronomía,
inglés, francés, portugués, estética
y arte. Posteriormente, a sugerencia de un amigo de Einstein,
estudió física:
"Todo me ha servido y, por supuesto, la física. Su
conocimiento es inevitable. Aunque su información es muy
primitiva hasta el momento. Además, el mundo físico
se repite en el mundo síquico. No hay, en esencia, lo externo
y lo interno. Mucho de la física es básico para
entender la sicología. También asistí a clases
de anatomía y botánica. No hablo de lo que no sé".
En 1976 es becado por la Oriental
Studies Foundation para escribir Ajorca de Europa y dictar
conferencias en Nueva York. En medio de los avatares de su
vida cultiva la amistad. Acerca de Alberto Rubio y Armando
Uribe comenta: "poetas muy dotados, y limpios
y consistentes amigos". Aclara que hay escritores con los
que tuvo breve contacto, pero que representaron mucho para él
"por su buena voluntad, su carencia de envidia y su deseo
de ayudar". Menciona a Antonio de Undurraga, Luis Merino
Reyes, Joaquín Ortega Folch, Luis Sánchez Latorre,
Augusto Iglesias... "En Chile, como en todas partes - agrega-
, había individuos que pretendían ocupar todos los
sitios, y actuaban como agresivas vedettes. Afortunadamente, existía
un grupo, no muy numeroso, de intelectuales con generosidad y
curiosidad. Hernán Díaz Arrieta (Alone), Mariano
Latorre, Ricardo A. Latcham, Julio Arriagada, Enrique Molina,
Samir Nazal: humanamente, joyas".
A partir de 1985 se radica en Estados
Unidos, dedicándose
a sus actividades artísticas y a dar clases de literatura,
música y arte. Graba, además, sus composiciones
pianísticas, compila sus dibujos y escribe. Desde el año
2000, CORDA, una fundación sin fines de lucro, salvaguarda
y difunde su trabajo. "La preservación de mi obra
me da paz", reconoce.
No fue fácil, sin embargo, descubrir el paradero de David
Rosenmann-Taub, considerado por Alone un precursor, capaz de sacudir
la rutina de veinte o treinta años de poesía. Una
investigación casi detectivesca nos hizo ir de una pista
a otra hasta que, al fin, el poeta decidió romper su largo,
larguísimo
silencio.
¿Qué lo
ha llevado a ser en nuestro ámbito
un marginal de "identidad velada", como decía
Juan Luis Martínez?
"Una de las cosas que le agradezco a mi país es que
encontré en él mucha dificultad para publicar. En
un artista que quiere serlo honestamente, sin traicionarse, no
un judas interno, es muy favorable no encontrar respuesta. Hay
un acuerdo conmigo desde el principio: nunca he escrito para hoy.
He escrito y escribo para ayer y mañana, pensando en nutrir
a los que se fueron y a los que vendrán. El presente es
el lugar en donde me instalo a escribir en dirección al
pasado y al futuro. Desde el punto de vista del pensamiento, el
presente es el tiempo menos real. Desde el punto de vista de la
inspiración, sí, es el único factor que me
mueve: estoy vivo".
Inspiración
tras la cual existe un trabajo arduo. ¿Cómo
se desarrolla su vida laboral?
"Escribir y escribir. Cuando tomo el lápiz, ya ha
habido muchos borradores en mi cabeza. No respeto la improvisación:
no la siento mía. Una obra artística, para ser lograda,
debe parecer el efecto espontáneo de una causa espontánea,
aunque es consecuencia de un complejo proceso natural. Por ejemplo,
los elaboradísimos "Impromptus" de Schubert,
o los cuadros de Vermeer, que parecen creados sin esfuerzo. A
eso llamo arte. Un lápiz con buena punta y, cerca, una
buena goma y mucho papel me abren el apetito y me aceleran. La
seducción de la hoja en blanco, para mediante el acto
de escribir, abrazarla y abrasarla.
En ese acto de escribir, ¿hay
algunos autores que considere indispensables?
"La vida inmediata me es tan fuerte que me apaga otras resonancias.
¿Qué puede afectarme toda la cultura frente al hecho
de caminar, cualquier día, a cualquier hora, por una calle
cualquiera? El estudio, la investigación, el perfeccionamiento
son totalmente diferentes del acto de la propia creación.
El único autor que me es indispensable es mi
persona".
Pero
entiendo que la poesía de San Juan de la Cruz y
Juana Inés de la Cruz han sido fundamentales para usted.
"Fundamentales para la historia de la poesía, no
para mí. En Juan de la Cruz observo lo mismo que en Teresa
de Ávila: mente alucinada, de soberana inteligencia, por
encima de la vida en el planeta. Juana Inés de la Cruz
hizo, en "Primero sueño", una imitación
de las Soledades de Góngora: lo que en Góngora cumple
fines plásticos, en ella cumple fines conceptuales. Más
que una poetisa, más que una mujer, ella es una fuerza
que embellece cualquier cosa".
Así como
la música se incorpora en sus versos,
¿influye la poesía en sus composiciones musicales?
"Hay
elementos de la música, de la pintura, de la
literatura, de la escultura, de la arquitectura, de la fotografía,
que me conmueven. La literatura y la pintura me ayudan a aclarar
más mi pensamiento musical. La literatura también
me ha ayudado en el dibujo: Historia de las Indias de Bartolomé
de Las Casas y Las almas muertas de Gogol me han despertado imágenes.
Ciertas obras musicales mías tienen que ver con Thackeray
y Tolstoi, en lo formal (no en lo conceptual): he querido,
como en Vanity Fair y Ana Karenina, que una sola voz esté distribuida
en distintas voces. Hasta el momento he grabado unos cien CDs
de mis obras pianísticas. Mi reacción frente
a la nocivilización, al egoísmo que predomina
en la conducta humana, mi clamor, mi indignación, mi
repulsión
no se expresan en mí con palabras; aparecen, sí,
en algunos de mis motivos musicales. Mi queja del mundo histórico
aparece en algunas de mis composiciones. En mi poesía,
en muy rara ocasión".
¿Qué cabida
tiene en su obra el silencio, como parte de la música?
"El silencio es fundamental en poesía. La sonoridad
del silencio. De lo contrario, el verso no ocurre. El no tener
conciencia de este silencio, que implica cesura, o paso de un
verso al siguiente, de una estrofa a la otra, me ha demostrado
hasta dónde lo que se escribe en aparente forma poética
no es poesía. Y el silencio tiene un valor fundamental
en música. No menor que el del
sonido".
¿Motivos
de sonido y ritmo, tal vez, le llevan a inventar palabras,
unir algunas o acentuar otras donde, gramaticalmente, se supone
que no corresponde?
"No se trata de eso, sino de qué es lo necesario
para decir, y establecer que el uso de la palabra no es el convencional,
que es sólo un aspecto de la palabra en el lenguaje poético.
Ése es el grave problema de la literatura, especialmente
de la poesía: el lenguaje convencional trata de convertirse
en dictadura e imponerse como único. De esto se defienden
más los autores de otras épocas, porque ya no dependen
del lenguaje convencional del momento".
Unamuno
decía que para aprender a escribir hay que olvidarse
de la gramática.
"Lo que Miguel de Unamuno quiere decir es olvidarse de los
prejuicios: ser libre. Las gramáticas son a posteriori,
no a priori. Pero hay una tendencia en el ser humano a recibir,
sin discriminación, órdenes. La gramática
representa lo que mayormente se hace. El lenguaje es lógico
y no lo es. Si soy artista, el lenguaje que recibo es sólo
un ínfimo aspecto de lo que necesito: tengo que crear mi
propio lenguaje: no puedo expresarme con palabras de otro, porque
así miento y me miento. Es una exigencia indispensable.
Hay que aprender cuanto ayude a satisfacer esa exigencia. Y aprender
cosas que son inútiles es una gran sabiduría: la
de reconocer lo que es inútil".
Escuchándolo
recitar su poesía,
impresiona la importancia que adquieren las vocales.
"Un poema es un fenómeno gráfico, mental y
sonoro. En cierto modo, un verdadero poema es una partitura. Lo
mismo que si vamos a leer un texto de Chopin o Schönberg.
Todo poema, en mí, tiene su partitura. En Quince, un libro
que espero publicar pronto, comento algunos de mis poemas, e incluyo
sus partituras. Si el lector no lee correctamente, ¿cómo
va a entender?"
Pareciera
que en sus versos otorga más preponderancia
al sonido que al contenido.
"Todo es para el contenido. Si no hay contenido: nada. ¿Cómo
va a tener más importancia la forma, o la sonoridad, que
el contenido? ¿Tiene acaso más importancia el cuerpo
que el alma? Separar forma y fondo es una teoría seudodidáctica".
"La
serpiente llamea, desafía/ la claraboya, enróscase,
me silba,/ porque viví la vida, no mi vida.",
escribe en Los surcos inundados (1951). ¿Piensa
que ha encontrado su propia voz?
"Mi voz me encontró a mí. En su acotación
está el peligro de no vivir la vida personal, de vivir
una vida de acuerdo a las circunstancias, como una especie de
moda trascendente. Nacer en China en el siglo pasado o hace dos
mil años, o nacer dentro de dos mil años en Sudamérica
o en África, no debe alterar lo que soy. Una cosa es la
circunstancia, y otra, el individuo. Esa frase famosa de Ortega
y Gasset, "el hombre y su circunstancia", puede ser
una maravillosa justificación para decir que nadie vive
su vida, sino que vive la vida del contorno. Quizá eso
le ocurrió a Ortega y Gasset. No a mí. Aunque sea
muy grave la circunstancia, uno tiene que ser uno. Por lo menos,
en su autodiálogo. Es cierto que la lengua española
es algo que recibí. Todo lo recibimos. Me dieron la tela,
pero el traje lo hice y lo sigo haciendo yo".
En
toda su poesía está la presencia relevante
de Dios. "Era yo Dios y caminaba sin
saberlo./ Eras oh tú,
mi huerto, Dios y yo te amaba". ¿Cuál es
su relación con lo divino?"
"Para mí el término Dios es terrenal. Lo que
llamo divino es la expresión terrenal absoluta. No tiene
nada que ver con el concepto de las religiones, en donde no hallo
ninguna divina divinidad. El poema que menciona fue escrito cuando
yo tenía doce años. Lo volví a escribir en
Buenos Aires, después de perder a mi familia. Y lo escribí
con muy pequeñas diferencias. A aquello que me satisface,
que me da tranquilidad, que me da alegría, sin pedirme
compensación, yo lo llamo Dios. Por eso digo: "Era
yo Dios y caminaba sin saberlo". Esa tranquilidad, esa satisfacción
era Dios. Yo era el huerto. Creyendo amar las cosas, yo me estaba
amando. Porque si amo a alguien, lo que amo es la imagen que tengo
del otro. Su pregunta yo la formularía: "¿Cuál
es su relación con usted mismo?"
¿Por
qué si ha escrito unos cuarenta libros sólo
ha publicado diez?
"Poesía
no es lo mismo que novela policial. Se publica, generalmente,
no por la calidad de la obra, sino por lo "vendible".
Hay editores que viven de eso: compran el producto que pueden
vender. Desde su punto de vista, es razonable. Hay, también,
el editor más abierto, que desea o necesita hacer negocio,
pero, a la vez, teniendo un sentido artístico que no
rompe con la ética, quiere darle una dirección
trascendente a su actividad. Arturo Soria, que era dueño
de la editorial Cruz del Sur, se apuró en editarme,
y me dijo: 'Cuando yo me vaya, ¿quién va a
publicar sus libros?'
Él no alcanzó a editar el segundo tomo de Cortejo
y Epinicio, ni País más allá,
que aún
están inéditos. Cruz del Sur, para anunciarlos,
editó un disco en su colección 'El Archivo
de la Palabra', en que grabé poemas de esos libros.
En las editoriales de mi país, yo debía pagar
por publicarlos. He tenido, durante largos años, mucha
responsabilidad económica con mi familia. No podía
darme ese lujo. Después me he dedicado sólo
a mi labor artística.
El hecho de que serán ahora publicados en Chile Auge y
la tercera edición del primer tomo de Cortejo
y Epinicio (tiene cuatro tomos) me indica
que el espíritu de Arturo
Soria se prolonga en esta iniciativa de LOM".
El libro que reeditará en Chile es el primero publicado,
pero no el primero que escribió, ¿no?
"Aunque
en Cortejo
y Epinicio hay algunos poemas escritos
a los nueve, diez años, mi primer libro (aún inédito)
se llama Opus Uno y contiene los poemas de mi infancia. Estos
poemas estaban entre la enormidad de manuscritos que me fueron
robados. He recuperado uno que otro y he podido recordar algunos.
Opus Uno termina con El Adolescente, que escribí a los
catorce, y del cual, hace muchos años, hice una nueva
versión.
Le entregué una de las primeras versiones a Antonio de
Undurraga, quien la publicó, como sorpresa, en el primer
número de su revista Caballo
de Fuego.
¿A
qué cree que se debe que Cortejo
y Epinicio (1949)
haya resistido el paso del tiempo?
"Lo que me llevó a escribir de nuevo, en 1978, el
primer tomo de Cortejo y Epinicio, en Buenos Aires, después
de la muerte de mis padres, fue mi deseo de estar con ellos. Cuando
lo escribí originalmente, sabía que había
blancos que no era capaz de llenar. Ahora estaba en condiciones
de poder llenarlos. Sin tener la primera edición del libro
conmigo, volví a escribirlo. Y no miré la primera
edición, hasta publicada la segunda: una manera de probar
la fuerza de la verdad del libro. La edición de Cortejo
y Epinicio, que publicará LOM, contiene pequeñas
alteraciones. No en vano pasa el tiempo. Al menos en eso es favorable.
No hablo de corregir. No es corregir. Es acercarse más
a la real versión".
¿Y
cuál diría que ha sido la evolución
desde sus primeros poemas a los que escribe hoy?
"Eso lo contesta mi poesía. Escribo lo que me importa.
Lo que me era importante, cuando tenía tres años
de edad, me sigue importando todavía. Lo que me horrorizaba,
cuando tenía cinco años, me sigue horrorizando.
Lo que me atraía, cuando tenía diez años,
me sigue atrayendo. Lo que no resiste el paso de los años
es fracaso. ¿Cuál es la función de mi poesía,
si no resiste el paso de unos cuantos años?"
Hablemos
de Auge, su
nuevo libro.
"Siete, de los veintiún poemas de Auge, son comentados
por mí en el libro Quince. Me siento en el esplendor de
mi control. Mi inspiración nunca ha tenido vacaciones.
¿Qué nombre ponerle a mi inspiración? Auge".
En último
término, ¿qué desafíos
le ha planteado la poesía? y ¿qué ha significado
dedicarle su vida a ella?
"La poesía me ha obligado a ahondar en mi curiosidad,
a pensar y repensar y volver a repensar, hasta encontrar respuestas
dentro de mí. La poesía es meta y pretexto. Para
expresar de veras, hay que saber de veras. Vivir es un desafío.
No he dedicado mi vida a la poesía. He dedicado mi vida
a mi vida, que es la poesía".
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