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Quizás
uno de los escritores chilenos más legendarios del momento
es el poeta David Rosenmann-Taub (1927), quien ha logrado lo
que miles de otras personalidades de la literatura nacional
ni siquiera vislumbran, ni tampoco les interesa: el hacer ruido única
y exclusivamente por su obra. El “altoparlante” de
este poético ruido ha sido la editorial LOM, que editó “País
más allá” (2004), cuarta entrega de
la poesía de Rosenmann-Taub, luego de “Cortejo
y Epinicio” (2002), “El
Mensajero” (2003) y “El
Cielo en la Fuente/La Mañana Eterna” (2004).
Ya
de antes este autor había construido su mito, que
además del ingrediente poético, incluye la casi
increíble y muy envidiable beca de la que goza desde 1976,
otorgada por la Oriental Studies Foundation, que, en palabras
simples, le paga por escribir poesía y dictar unas cuantas
conferencias al año, qué mejor. Lo anterior, y
las referencias indirectas de terceros, como su gran amigo, Armando
Uribe, que no ha dudado en calificarlo, con vehemencia, como
el “poeta vivo más importante y profundo de toda
la lengua castellana.”
Y
para hacer todavía más sorprendente el mito,
Rosenmann-Taub realmente escribe una poesía totalmente
distinta a cualquier cosa que veamos en nuestras librerías.
Muy mal leída, la poesía de Rosenmann-Taub daría
la impresión de ser hermética, “escrita en
complicado”, con palabras obsoletas y anacrónicas,
con poemas casi epigramáticos. Pero eso es desde una óptica
pobre y deplorable. De más está decir que la realidad
nos entrega, afortunadamente, a un poeta que domina a cabalidad
la materia prima de la poesía, el lenguaje, y lo hace
de tal forma que es capaz de construir estructuras mínimas
y cuasi perfectas, propias de un trabajo que se ha ido destilando
casi por medio siglo. Si por ahí se definió a la
poesía como el arte de forzar el lenguaje, entonces Rosenmann-Taub
es el poeta por antonomasia. Dueño de un estilo y una
maestría eficaz y poderosa, Rosenmann-Taub sirve a la
fábula que otros han alimentado, con poesía única,
con un lenguaje vivificador de la palabra, y de una poesía
cargada de significación, música y ritmo. Más
simple, a Rosenmann-Taub no se le escapa nada, y al lector no
debería escapársele la posiblidad de revisar esta
poesía, única en nuestras letras.
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