Santiago de Chile
26 abril 1998

de "Tres Poetas Chilenos"
por Francisco Véjar
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Dentro de
la diversidad que ha mostrado la poesía chilena en gran parte
de este siglo, hay un fenómeno que llama la atención. Esto es,
la continuidad de una tradición que abarca, por lo menos, los
últimos ochenta años de la poesía escrita en Chile, y es un fenómeno
que no se visualiza en otras latitudes donde se ha perdido continuidad.
En Chile, la riqueza de la poesía es indudable y por lo mismo,
es un tema largo de tratar.
En este
breve espacio signado por las palabras, nos detendremos en la
obra de tres poetas: David Rosenmann-Taub, Alberto Rubio y Guillermo
Trejo. Si bien la obra de cada uno de ellos ha tomado distintos
giros, en algún momento recogieron influencias similares. Esto
se deja ver tanto en el tratamiento que hacen de la lengua castellana
al escribir sus textos, como en la proyección y unidad que presentan
sus libros.
Empezaremos
estas notas con David Rosenmann (1927), figura mítica y casi desconocida.
Entre sus múltiples actividades ha sido profesor de literatura
comparada, y gramática española; profesor, además, de piano, armonía
y contrapunto. Una beca otorgada por la Oriental Science lo mantiene
alejado de Chile y con la posibilidad de seguir publicando sus
libros. Entre sus numerosas obras El Adolescente (1941),
Cortejo y Epinicio (1949), Los Surcos Inundados
(1951), La Enredadera del Júbilo (1952), Los
Despojos del Sol (1976), El Cielo en la Fuente (1977),
entre otras.
En Trilce (Poesía chilena, 1960-1965), Armando
Uribe Arce presenta la poesía de David Rosenmann-Taub: "¿Cuál
es el secreto de este poeta cuyas contradicciones profundas se
desarrollan en la profundidad, y que ofrece una superficie más
pulida que la de ningún otro poeta chileno, una sabiduría del
verbo y el sustantivo y una agilidad del adjetivo que ninguno
iguala? El dice en un poema de este cuaderno: 'engéndrame otra
vez a mí,' ¿se ha creado él mismo? Tal vez sí. Su primer,
Cortejo y Epinicio, fue seguramente la mayor revelación
de la década del 50, aun cuando en realidad su colofón explica
que fue publicado el 20 de diciembre de 1949. Sus LXVII poemas
incluyen algunos escritos cuando el autor tenía once o doce años,
y demuestran la misma prodigiosa perfección formal, la conciencia
de saber lo que se dice y por qué se lo dice: la plena maestría
de un adulto".
En una entrevista
concedida a Malú Sierra, David Rosenmann nos habla del poeta como
vate, en el sentido del anuncio, de la profecía: "Cuando la poesía
contiene un elemento de conocimiento que va más allá del conocimiento
inmediato, donde a través de la voz del poeta está hablando la
totalidad del ser humano, se dice vate". Después sostiene: "El
autor no importa nada; lo que importa es la obra. Usted, como
yo, en un tiempo más vamos a ser cenizas. Pero lo que hagamos
de nosotros mismos, la verdad de nosotros mismos (si hemos sido
capaces de seguirla), es lo único que va a perdurar".
Según David
Rosenmann, toda la vida es un camino, pero la mayor parte es un
camino equivocado o un callejón sin salida. Se trata de encontrar
el propio camino. Así como cada individuo tiene sus huellas digitales,
también tiene su vía. La única.
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En uno de sus poemas más notables sostiene:
Cómo me gustaría jamás
haber nacido,
libre de lo de ayer, jamás haber nacido,
dejar correr el tiempo, jamás haber nacido.
Cómo me gustaría
lograr morirme ahora,
libre de lo de ayer, lograr morirme ahora,
dejar correr el tiempo, lograr morirme ahora.
Cómo me gustaría rodar por
el vacío,
libre de lo de ayer, rodar por el vacío,
dejar correr el tiempo, rodar por el vacío.
Cómo me gustaría ser el cero del
polvo,
libre de lo de ayer, ser el cero del polvo,
dejar correr el tiempo, ser el cero del polvo.
Para no recordarme,
para no volver nunca,
Dios mío, yo creyera en ti para no ser...
Y yo qué sino
el hijo - ardiendo - de la muerte.
Oh madre, te preocupas por tu doliente hijo
y lo arrastras al sueño tan candorosamente
que duele tu candor como puro alarido,
que duele tu descanso como uñas despiertas...
[Extracto
del poema "Ciénaga".]
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Poesía
misteriosa y desgarrada, donde hay constantes referencias a la muerte,
al dolor e incluso a la desesperación, partiendo desde lo
cotidiano.
La presencia
de Dios:
Entre
el ropero y el lecho, Dios me mira.
Debo callar.
Búsqueda
y reflexión:
¿Por
qué me desnudo? ¿Por qué me aproximo?
¿Por
qué, reteniendo las lágrimas y la sangre, escribo
esto?
[Los Despojos
del Sol, Ananda Primera: Poemas VII y IV.]
Alone,
en su tiempo, lo vio como un precursor capaz de sacudir la rutina
de veinte o treinta años. Se ha dicho que la poesía de David Rosenmann-Taub
es, ante todo, hermética y oscura, pero me atrevería a afirmar,
junto con Hernán del Solar, que, "La poesía llamada hermética,
lo hemos comprobado muy a menudo, se abre una vez que la forzamos
y nos habla entonces, con toda claridad."
En prosa,
he vivido dos experiencias que se subentienden: Los Evangelios de
Cristo y los primeros tomos de Proust. Los Evangelios, en la traducción
de Cipriano de Valera: lo mejor de la literatura española: en cada
uno de los párrafos, el castellano depurado al máximo". "No me he
encontrado en ningún escrito. Por eso he escrito." Si bien
es reacio a aceptar influencias de otros escritores, creemos que
en algún momento su voz se puede emparentar con la del poeta alemán
Friedrich Hölderlin.
Para algunos
es una invención y para otros como Kenneth Douglas de la Universidad
de Yale, uno de los más grandes poetas de todos los tiempos. Es
un mito viviente, David Rosenmann-Taub, quien ha publicado gran
parte de su obra fuera del país. En Chile no se encuentran sus
libros. Buscan
el agua los peces.
Los hombres
buscan la luz.
Esperamos
que sus poemas sigan por el laberinto del tiempo en busca de la
luz.
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